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Ale Aragonés

Cómo la urgencia distorsiona nuestra percepción

Probablemente has notado que, ante una urgencia real —o una prisa que tú mismo te has impuesto—, la presión puede cambiar tu manera de interpretar lo que sucede. Comienzas a dudar de tus capacidades, anticipas los peores escenarios y todo parece más caótico de lo que es. La sensación de perder el control aumenta.

En ese estado, algunas personas evitan el problema o posponen decisiones; otras actúan impulsivamente. En ambos casos, se reduce la capacidad de responder con criterio.

Nuestro sistema nervioso está preparado para identificar posibles amenazas y movilizar recursos frente a ellas. Esta respuesta es útil cuando existe un peligro inmediato. Sin embargo, ante un estrés intenso, también puede dificultar temporalmente capacidades como analizar alternativas, planear y anticipar consecuencias.

Podemos imaginar el cerebro como una organización y a la corteza prefrontal como parte de su equipo directivo. Entre otras funciones, ayuda a organizar información, establecer prioridades y controlar impulsos. Cuando la presión aumenta demasiado, es como si el departamento de crisis elevara tanto la voz que el equipo directivo tuviera menos espacio para intervenir.

El “CEO” no desaparece, pero comienza a operar con menos recursos.

El estresor quizá no desaparezca. La autorregulación tampoco elimina el problema. Lo que puede hacer es reducir la activación suficiente para recuperar perspectiva y capacidad de elección.

Aquí comienza el modelo de las C3: Calma, Claridad y Criterio.

La calma crea espacio. La claridad organiza la información. El criterio nos permite tomar decisiones. 

Distinguir entre lo crítico, lo importante y el ruido

Existen situaciones críticas que requieren una respuesta rápida, incluso inmediata. Pero rapidez no tiene que significar impulsividad. El verdadero desafío consiste en conservar un ritmo interno suficientemente sereno mientras en el exterior todo parece urgente.

Una situación crítica exige actuar ahora porque esperar tendría una consecuencia concreta. Ante ella, conviene preguntarnos:

  • ¿Qué necesita resolverse inmediatamente?
  • ¿Cuál es el riesgo real de esperar?
  • ¿Qué acción está bajo mi responsabilidad?

Una situación importante merece atención y puede tener consecuencias relevantes, pero permite cierto margen para analizar, estructurar y decidir. En estos casos, ayuda dividir el problema en partes, establecer un plazo y definir el siguiente paso.

Para lo importante, también es útil preguntarse:

  • ¿Qué impacto tendrá esto en el mediano plazo?
  • ¿Qué opciones reales tengo disponibles?
  • ¿Qué estoy priorizando al atender esto ahora?

El ruido, en cambio, es todo aquello que exige nuestra atención sin acercarnos a una solución o a un objetivo significativo. Puede presentarse como una interrupción, una expectativa ajena o un pensamiento catastrófico.

Para reconocerlo, podemos preguntar:

  • ¿Esto es relevante?
  • ¿Es accionable?
  • ¿Me corresponde atenderlo ahora?

La claridad no consiste en tener todas las respuestas. Consiste en distinguir qué merece nuestra atención y qué podemos dejar pasar.

Pasar de la reacción automática a una respuesta con criterio

Responder con criterio no es una habilidad que aparece de la noche a la mañana. Es una práctica que requiere intención, constancia y repetición.

Así como entrenamos el cuerpo, también podemos entrenar nuestra capacidad de hacer una pausa antes de actuar. No tiene que ser una pausa larga. Puede consistir en respirar lentamente, observar lo que estamos sintiendo, separar los hechos de nuestras interpretaciones y elegir el siguiente paso.

En momentos de presión, podemos volver al modelo C3:

Calma: disminuir la intensidad interna para crear espacio entre el estímulo y la respuesta.

Claridad: identificar los hechos, ordenar prioridades y distinguir lo crítico del ruido.

Criterio: evaluar prioridades, opciones, consecuencias y responsabilidades antes de actuar.

Practicar este proceso no significa que nunca volveremos a sentir estrés ni que siempre responderemos de manera perfecta. Significa que, con el tiempo, podremos regresar más rápidamente a un estado desde el cual sea posible decidir con mayor criterio.

La presión puede seguir presente. Lo que cambia es quién toma las decisiones: la urgencia o tú.